Hace 80.000 años el avance de la glaciación Würm había empujado a plantas y animales hacia el sur, en un éxodo forzado en busca de agua líquida y calor. Europa desapareció bajo una capa de hielo de centenares de metros de espesor, y en la tundra de lo que hoy es el Mediterráneo la vida encontró su propia Arca de Noé. Bastaron 70.000 años más para que el péndulo del clima quisiera devolver las cosas a su lugar, y con la llegada del calor y la sequedad, aquellas especies que no tuvieron tiempo, o no quisieron seguir al hielo en su retirada, y que necesitaban agua y frescor, salvaron su vida subiéndose a las montañas de Cazorla.
Hoy, esas montañas suponen el mayor espacio natural protegido de Europa tras la Selva Negra, y aquí los contrastes y las sorpresas pueden parecer magia, cuando en poco más de 1000 metros caminando salimos del frondoso bosque de pinos endémicos milenarios, para adentrarnos en desiertos dónde el sol reina sobre fantasmagóricas formaciones de Badlands. Valles, altas cumbres, ríos y cascadas, roquedos y desierto, cultivos y ganaderías milenarias: un enorme puzzle que mantiene vivas a más de 2.200 especies de plantas autóctonas ¡el 20% de toda la flora europea!. Más de 50 especies de mamíferos, más de 30 de anfibios y reptiles, más de 180 de aves, más 100 de mariposas diurnas y de 180 mariposas nocturnas... Todo eso, y algo más, cabe en un Arca.
Algo más, el hombre. Se conocen asentamientos en esta zona desde hace 12.000 años, a dónde nuestra especie llegaría buscando agua y caza abundantes. Aquellas personas no tardaron en desarrollar las primeras ganaderías caprinas, y ovinas, y una incipiente agricultura que pronto empezaría a fraguar algunos de nuestros pueblos de hoy. Todo está aquí todavía, intacto.
Cuando un sendero bien señalizado en el siglo XXI, el GR-247, te puede llevar desde explorar las más antiguas cuevas con sus pinturas rupestres, por acantilados salvajes y solitarios, y te deja a dos pasos de algunas de las construcciones megalíticas más impresionantes de la misteriosa civilización Íbera -aquellos que hicieron del aceite de oliva y el vino toda una forma de ver la vida- no puede uno más que desear pisar sus piedras sin prisas y con las necesarias pausas, esas que señalan los 478 kilómetros de recorrido total dentro del Parque Natural.
Cazorla es un pueblo blanco de cal árabe, con raíces pre-romanas, un castillo con mil años, muestras del más esplendoroso Renacimiento. Gentes que pasean por callejuelas añejas, con tranquilidad y amabilidad mediterránea. Gastronomía particular, enriquecida, como su sierra de biodiversidad, por los vaivenes de culturas centenarias; milenarias. Amor por la cultura, devoción por saborear el tiempo, el sol, el agua, el bosque, los roquedales, el canto de las aves, el sol otra vez, y el agua por miles de cascadas luminosas. Visitar hoy Cazorla y su enorme Parque Natural es viajar en el tiempo, entrar en los dominios de la vida, esa vida que decidió refugiarse en todo su esplendor, por una, dos y hasta tres veces en esta verdadera Arca de Noé.
Cazorla, un viaje al interior del Arca de Noé.
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